martes, 16 de junio de 2015

Donde está la ética de Podemos con los imputados.

 ¡La gran estafa nacional! Vendedores de humo, motos y burras cojas! Charlatanes de tres al cuarto.
Cuando pisan moqueta se convierten en CASTA.
 
La Fiscalía de Madrid solicita un año de prisión para la portavoz del Gobierno del Ayuntamiento de Madrid Rita Maestre por participar en un asalto a la capilla de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) del campus de Somosaguas.
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, aceptó  la dimisión de su recién nombrado concejal de Cultura, Guillermo Zapata que dejó el cargo obligado por la presión social al difundirse unos tuits en tono jocoso de contenido ofensivo  pero que a pesar de dimitir seguirá como concejal al frente del distrito de Fuencarral-El Pardo.





viernes, 12 de junio de 2015

Ponte de D. Luís, Oporto (Portugal)

 Puente Luis I .
  Puente sobre el rio Duero que une Oporto con Vila Nova de Gaia. 





Plaza de la Catedral de La Habana (Cuba)


Ventajas de ser castellano





Uno nace en Castilla y la cigüeña que le trae ya viene con un historial de campanarios altos y vistas de adobe, de atardeceres extendidos color ladrillo y de castañas pilongas y reciedumbre feliz de brasero. Los castellanos de los pueblos son un poco los gallegos de la meseta, gente poco gesticuladora y de conversación apaisada que siempre se resume en ejo (“eso”). 
Podríamos haber sido los que rigen los destinos del mundo, que por algo aquí estuvieron la Corona, el mercado paneuropeo de Medina del Campo y Aznar jugando al dominó. Pero preferimos quedarnos en nuestro terruño, en nuestra pequeña patria de la que nos sentimos orgullosos. Que básicamente viene siendo el bar de la plaza en el que venden piponazos y unas pocas calles de firme áspero donde rasparse los codos todo el rato, o sea, la infancia.


 RESISTENCIA A LOS GUISOS HIPERCALÓRICOS 
Los mexicanos tienen su picante y nosotros tenemos los guisos con bien de pimentón y guindilla o simplemente con un sombrero de grasa de unos dos centímetros. Por ejemplo, ahora, los de níscalos. En un escenario de fin de mundo, sólo con ese fondo acumulado seríamos capaces de sobrevivir un par de décadas más que el resto e incluso diez minutos más que los mexicanos. Los guisos castellanos -de las patatas con costillas a los cocidos maragatos- estaban pensados para ir a trabajar al campo, pero sirven también para echarse siestas agosteñas épicas que en cuanto sean modalidad olímpica nos volverán a convertir en un imperio.
TEMPLE FRENTE A LAS TEMPERATURAS EXTREMAS
A un castellano le sueltas en el espacio camino del sol y le parece todo normal. Con ponerse y quitarse una chaquetita de punto lo arregla. El sol sahariano que se combina con noches polares un día cualquiera de julio otorga la misma consistencia angulosa al vino y a los paisanos. Por si fuera poco, la meseta limita con los montes de León, la montaña palentina, la Sierra segoviana y toda esa Cordillera Cantábrica. Va uno paseando, a punto de desmayarse de la calorina, y se topa con una montaña nevada. Se pone la chaquetita y ya está. Y luego está que cada vez que veo en el telediario a un ruso bañándose en algún lago rollo siberiano me acuerdo del río de mi pueblo en pleno agosto y pienso que ahí querría verles intentándolo.
VISTA PANORÁMICA
Los horizontes de Castilla están siempre donde Cristo dio las tres voces. El mundo parece demasiado largo visto desde aquí, así que se prefiere no salir mucho de casa. En este contexto horizontal sorprende aún más que la Corona de Castilla se tragara aquello de que la tierra era redonda. La ventaja genética que hemos sacado de esto es una sagaz vista de lejos que nos permite distinguir desde la puerta de casa si ese tractor se ha metido en nuestras lindes o si ese madrileño vestido de Coronel Tapioca que admira la fuente del pueblo boquiabierto se piensa que está en un safari.
MINIMALISMO 
En ninguna parte se dice tanto con tan poco. Las pausas conversacionales y las apostillas de un castellano son tratados de mil páginas que sólo puede interpretar otro castellano.
HÍGADO DE HIERRO
En algunos pueblos sólo falta que el vino salga de las fuentes. Y como no todo es Vega Sicilia, el castellano acaba desarrollando desde la infancia una resistencia mutante a cualquier cosa que le echen. De ahí vienen un poco los gobiernos que se han apoyado por aquí desde los Comuneros hasta hoy.
GANAR RESISTIENDO 
La costumbre aquí es sentarse en el banquillo de la puerta de la casa a ver pasar vecinos, mozas, rebaños, estaciones, oportunidades y, en general, el mundo. Tenemos claro desde hace unos siglos que todo se acaba convirtiendo “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”, así que hemos desarrollado una paciencia que nos convierte en fiables, inmutables y los tipos que piden repetir de garbanzos. La fiesta de Castilla y León podría conmemorar la llegada de Colón a América, la Reconquista o la invención de la morcilla de Burgos, pero celebra una derrota, la de los Comuneros. Con esa manera de verlo, somos invencibles.
PINTORESCOS 
Así, a ojo, en Castilla hay dos iglesias por habitante y una boina en cada diez cabezas. Un Washington Irving de 2013 vendría aquí a escribir lo suyo. Puede que instagramear desde el Caribe dé más envidia, pero las fotos exóticas de verdad son las de la meseta.
ESTAMOS DE PASO
La meseta está justo en el medio del universo, así que tenemos Ave, carreteras y Camino de Santiago. Un castellano de verdad no las usa para ir a ningún sitio, como no sea a Madrid a una boda o a Santander a la playa.
OTROS UNA VEZ AL AÑO
En las fiestas de los pueblos es donde los castellanos se permiten no serlo tanto. Cantas, bailas, te abrazas y pareces andaluz un ratito.
PARAPETOS DE LUMBRE
La lumbre es una forma de entender el mundo. Una fuente de energía y el lugar de donde salen las comidas y las historias vergonzantes de cuando eras pequeño. Recuperas la lumbre en cualquier momento de tu vida, le añades una gloria y ya se puede caer el mundo alrededor.
Podríamos haber conquistado el mundo, pero no sucedió

sábado, 11 de abril de 2015

Infección politica




A estas alturas, un ciudadano libre tiene la obligación de saber que votar a un gobierno corrupto te hace cómplice de la corrupción.

Existe una infección cerebral, que se llama ideología mórbida, mucho más contagiosa que la gripe del pollo o la enfermedad de las vacas locas, contra la que no existen vacunas. Uno de los síntomas de esta infección es una fiebre rara que te impide ver el lado sórdido de los políticos de tu partido. Aunque los medios de información descubran y aireen cada día sus delitos de cohecho, malversaciones de caudales públicos y robos descarados piensas que sus tropelías no te atañen. Los votas, pero tú eres un ciudadano honorable. Por mucho que los veas entrar y salir de los juzgados y de las cárceles, esa fiebre ideológica te obliga a creer que basta con el cabreo para sentirte a salvo del contagio. Los votas, pero tú eres un ciudadano incontaminado. La virulencia de esta infección cerebral te llevará a las urnas una vez más como un borrego y, pese a haberte desayunado a lo largo de una legislatura con los latrocinios evidentes de los políticos de tu partido, incluso celebrarás su triunfo si ganan las elecciones. Pero después de depositar el voto en su favor, aunque no lo notes, volverás a casa con el cerebro seriamente dañado. Los efectos de esa lesión son expansivos y envolventes, actúan como una lenta bajada de las defensas, de modo que sin darte cuenta irás perdiendo la autoestima y llegará un momento en que ya no podrás reaccionar contra cualquier clase de injusticia, hasta considerar muy natural que te roben a ti directamente. A estas alturas, un ciudadano libre tiene la obligación de saber que votar a un Gobierno corrupto es un acto inmoral, que te hace cómplice de la corrupción. Te creías vacunado contra esa basura, pero un día el espejo ante el cual tu rostro se refleja, puede que te dé un veredicto fatídico: si de forma consciente votas a un político corrupto es porque tú en su caso harías exactamente lo mismo.

Opinión de Manuel Vicent 29 Marzo 2015



martes, 13 de enero de 2015

Pensamientos de Sancho Panza.



 
Uno de los pasajes más profundos de Don Quijote se encuentra en el capítulo LIII de la segunda parte. Es un pequeño compendio de reflexiones sobre los delirios de grandeza, la falta de sinceridad consigo mismo, la amistad y la honestidad. Un pasaje más útil que muchos libros de gestión y de autoayuda.
Sancho Panza está gobernando por fin su ínsula, ese pequeño territorio que le había prometido Don Quijote desde que comenzaran a cabalgar.
En realidad, todo forma parte de un engaño. Los habitantes del pueblo se hacen pasar por sus súbditos con la aviesa intención de torturarle y someterle a toda clase de burlas.
Es entonces cuando Sancho Panza se da cuenta adónde le han llevado sus delirios de grandeza. Está amaneciendo y en lugar de desvestirse para echarse en la cama, se pone la ropa, y va a las caballerizas. Allí está el burro que le ha acompañado en todas sus desdichas. Sancho Panza le besa y con lágrimas en los ojos le dice:
—Venid vos acá, compañero mío y amigo mío y conllevador de mis trabajos y miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos.
Están de testigos varios personajes importantes del pueblo, que no abren la boca. Sancho sigue:
—Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte presente. Yo no nací para ser gobernador ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos.
En ese mismo parlamento, Sancho prosigue diciendo:
—Digan al duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas.
Y antes de alejarse, termina con estas palabras:
—… y volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que si no le adornaren zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda. Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde.
Impresionados por su humildad, los pueblerinos le ofrecen todo lo que quiera para acomodar su viaje:
“Sancho dijo que no quería más de un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él, que pues el camino era tan corto, no había menester mayor ni mejor repostería. Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta”.
Ambición, soberbia desmedida, delirios de grandeza, honestidad, autenticidad, sinceridad consigo mismo, amistad, vuelta a los orígenes, no aprovecharse de los cargos públicos para forrarse… ¿No es eso de lo que hablan muchos libros de ética, de autoayuda y de gestión?